
En 2016 apenas el 1,07 de vecinos empadronados en Zaragoza y
el 0,89% de los pertenecientes a Valencia votaron en qué querían invertir la escasa
parte del presupuesto que queda al
criterio ciudadano. Los proyectos, bastante delimitados, suelen centrarse en
mejora de espacios públicos, rehabilitaciones, jardines o carril bici. El
segundo año, en 2017, la participación en Valencia no ha llegado al 3%, motivo
por el que la propia presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinos,
María José Broseta, ha llamado la atención al Consistorio.
Después, si miramos datos de ejecución de esa voluntad
municipal, el resultado puede desanimar en ciudades como La Coruña, donde no ha
llegado a llevarse a cabo en 2017 ni una tercera parte de las medidas aprobadas
por los ciudadanos para estar concluidas ese año. Sí, los ayuntamientos que han
potenciado la implicación de los vecinos destacan que lo logrado en
participación y en ejecución supera con creces lo existente anteriormente.
Pero, ¿basta con eso o se puede aspirar a más?