Cala Llonga, localidad ubicada en la isla de Ibiza entre la capital del mismo nombre y la población de Santa Eulalia, destaca, como su nombre indica, por el entrante de mar entre los riscos que escoltan su playa. Medio kilómetro de carretera atraviesa su arteria central, rodeada, sobre todo, de restaurantes y hoteles. Entre ellos, cerrando la calle, se halla Ses Veles, con pequeños apartamentos, piscina y hamacas.
Sirve como punto de partida para transitar por una pequeña población
que, en esas semanas de frío inciso que hermanan invierno y primavera, la
recorren sobre todo trabajadores en tareas de mantenimiento y, principalmente,
de preparación de los complejos turísticos para lo que están acostumbrados que
suele pasar de cara al verano.
Hasta que eso ocurra, y en este inciso temporal, puede disfrutarse con tranquilidad de su sol y de su cala. O saborear las primeras horas del día desde el mirador de su posta de Cruz Roja, acicalada de madera y ubicada en pleno centro de la playa, en el punto más estratégico para controlar una extensión que, de diámetro, no pasará del cuarto de kilómetro.
