Artículo publicado en el número de marzo de El Periódico de Aquí
Puedes leerlo también en versión digital pinchando este enlace
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Quina maravella. La exclamación podría surgir de manera espontánea, en valenciano, al contemplar la puesta de sol mediterránea en alguna pedanía del sur de la ciudad de Valencia. Quizás en El Saler, con sus playas y el imponente lago de la Albufera como enseñas; en El Palmar, ese islote pescador emblema de sosiego y comida dominical, o en Pinedo, rodeado por su huerta.
Precisamente en este último lugar -a 15 minutos en coche del centro metropolitano- emerge un restaurante que muestra en su rótulo, tal cual, esa denominación: Maravella. Conjuga en su nomenclatura la idea de mar y la de maravilla. Incluso con la ‘avella’ de avellana que bien podría evocar frutos secos de los que cultivaban antaño en su entorno.
El acto de exhibición pública se ha realizado esta semana dentro de la saga ‘Cuatro estaciones de la terreta’ que presenta cada ciclo estacional del año el restaurante Mi Cub y que suele maridar, como es el caso, con también una cerveza clásica valenciana: Turia.
Nazaret, La Malvarrosa y otros espacios del litoral de la ciudad, como el puerto, aparecen en las instantáneas en blanco y negro que recuerdan cómo eran aquellos lugares antes de la transformación urbana que ha experimentado la capital de la Comunitat Valenciana en las últimas décadas. También emergen retazos de municipios del interior de la provincia, como Canals o Bolbaite, ya que el autor residía en la comarca de la Costera.
Paella con naranja y pato, aunque manteniendo su esencia. La apuesta parece complicada; no obstante, con algún pequeño truco que llega a transformar incluso el clásico ‘socarrat’ o fondo a repelar del recipiente de paella, la Plaça Gastro Mercat, el restaurante de El Corte Inglés de la calle Colón de Valencia, lo ofrece durante la segunda quincena de noviembre. También lo hacen sus locales de Alicante y Castellón.
La iniciativa tiene un origen colectivo. La impulsa el
restaurante Bonaire, del Palmar, y cuenta con el apoyo de la Indicación Geográfica
Protegida ‘Cítricos valencianos’, que certifica su calidad. Esta aporta las naranjas
en el inicio de temporada citrícola, mientras que la bodega Gandia Pla, con su
rosado Miracle 5, pone el maridaje.
En municipios valencianos que orillan con el río Júcar
brotan cada año, cuando el frío comienza a sentirse, caquis de los árboles
homónimos. La variedad más conocida y característica de esta fruta (Rojo
Brillante) antepone su nombre genérico de origen japonés (kaki) y se defiende y
promueve en la Denominación de Origen Ribera del Xúquer. Tiene más consistencia
que el caqui blando por su recolección temprana y su conservación en cámaras, y
presenta una marca propia, Persimon.
Además de degustarse cruda como si de un hermoso melocotón se tratara -con o sin piel-, también puede aportar su vitamina C o su textura a elaboraciones gastronómicas más complejas. En esta última línea han trabajado El Corte Inglés y el restaurante de comida del sureste asiático Makhin (nombre, por cierto, con el que bautizaron a la bisabuela del propietario, Steve Anderson, y que él ha recuperado a modo de homenaje) para presentar un plato creado a base de garbanzos, leche de coco, curry, un amplio abanico más de especias y, a modo de colofón para coronarlo, kaki Persimon o duro.
El Almudín pasa desapercibido, de manera inmerecida, en el
cogollo monumental de Valencia. Este edificio de estilo gótico construido, en
sucesivas ampliaciones, entre los siglos XIV y XVI y destinado en sus orígenes
a guardar trigo, adquirió el rango de Bien de Interés Turístico Nacional en
1969. Propiedad del Ayuntamiento de la metrópoli en la actualidad, su uso se
centra en acoger exposiciones.
Situado detrás de la Basílica y la Catedral, y, por tanto, en los aledaños de la plaza de la Virgen de Valencia, emerge en la de San Luis Bertrán, muy cerca de la Almoina, el eje de la histórica urbe romana que fue la simiente de la actual capital de la Comunitat Valenciana. El inmueble merece la pena visitarse por su encanto; no obstante, este artículo se focaliza en lo que alberga desde octubre de 2025 hasta el mismo mes de 2026. Este periodo ha sido declarado por El Vaticano como Año Jubilar del Santo Cáliz.
¡A tope con la vida! . Posiblemente su mantra resuma la evolución de David Montero. Pasó de camarero en un céntrico y tradicional bar ubicado junto al Mercado Central a ‘embajador’ de la paella valenciana (la de pollo, conejo y garrofó) en Arabia Saudita, China o México, de cocinero neófito a ‘influencer’ en Instagram con sus recetas y cocciones.
Esa misma metamorfosis le ha llevado a convertirse en el primer suministrador de raciones paelleras por la plataforma Glovo o en autor de un libro de recetas de arroces creativas que lidera las ventas de la editorial Sargantana.
Múltiples facetas revisten la personalidad de este cocinero -término que prefiere al ahora más manido de chef-. La mejor demostración la constituye el local que regenta en la calle Músico Peydró (conocida popularmente como la de las cestas por la multiplicación de cesterías tradicionales) de Valencia. Se trata de una casona antigua cuyo primer piso se ha transformado en una gran cocina, mientras que la planta baja sirve para dispensar raciones de paella.
Con la palabra Turia en Valencia se identifica a su
histórico río, tanto en su discurrir por toda la provincia desde su entrada por
Teruel y su desviación por el llamado “nuevo cauce”, como a su antiguo
recorrido, ya seco, que atraviesa la ciudad y se ha rebautizado como Jardín del
Turia. También, como derivada, se llama así la marca de cerveza que ha cumplido
90 años desde que un grupo de amigos valencianos la crearon en 1935 con las céntricas
Torres de Serranos como emblema de marca e imagen de etiqueta.
Su nombre recuerda a uno de los personajes bíblicos más vituperados de la historia; no obstante, la realidad de ese bautismo se debe a una circunstancia más mundana, con mayor vinculación a la tradición hostelera. En el epicentro de Valencia, a menos de 50 metros de la entrada a la Catedral desde la vecina torre del Miguelete, ha abierto sus puertas Barravas.
No lleva acento por cuestión temporal de marca, aunque lo
lucirá en breve para denominarse Barravás, de la composición de barra y vas (y
luego vuelves, como apostilla su flamante propietario). En cualquier caso, esta
cuestión léxica constituye solamente una de sus singularidades. Una segunda,
por ejemplo, la representa su aludido dueño, Rafael Pérez Higón, director de
Armani en Valencia durante décadas.
¿Y qué hace un experto en venta de artículos de vestir al
frente de un local de gastronomía mediterránea? Lo explica con sencillez: “mis
padres compraron los establecimientos -como se verá más adelante, se trata de
dos bajos-, se iba a hacer cargo mi hermana, pero se fue a vivir a Inglaterra y
me he ocupado yo”.
"Héctor González, por ejemplo, es un periodista de raza y un estupendo cicerone que nos descubre las innumerables facetas de la ciudad a través de los geniales comentarios que agrupa bajo el rótulo «Curioseando Valencia»: unos comentarios en los que amalgama la riqueza del escolio erudito con la fresca perspectiva del andariego inquisitivo, del flâneur improvisado; unas notas breves y maravillosamente gráficas del rincón peculiar, del paisaje cercano pero inadvertido, del antaño relevante y hogaño modesto escenario de un lance histórico famoso... "
En palabras del periodista y escritor Juan Vicente Yago.