Imposición de la insignia de Encuentro y Opinión Semanasantera (EOS) en la primera gala de esta entidad que divulga la Semana Santa Marinera de Valencia. Publicado en el diario Valéncia-hui. En este 2026 EOS ha celebrado su vigésima gala.
Blog de Héctor González, periodista valenciano
Imposición de la insignia de Encuentro y Opinión Semanasantera (EOS) en la primera gala de esta entidad que divulga la Semana Santa Marinera de Valencia. Publicado en el diario Valéncia-hui. En este 2026 EOS ha celebrado su vigésima gala.
Tercer día. Cita en el British Museum. Gracias a haber reservado
en su web con antelación a coste cero y a una hora determinada (las 10,10) nos
ahorramos una larga cola de personas que van a solicitar directamente la
entrada en taquilla. Entramos y vamos directos a la zona de Grecia, hacia el
friso del Partenón, con gran parte de los 160 metros de esculturas que lo
recorrían. Antes, una aglomeración de personas haciéndose fotos nos permite
detectar que pasamos junto a la piedra Rosetta.
Una pena que estén cerradas salas importantes como la del mundo de Alejandro, la del mausoleo de Halicarnaso o la del imperio asirio. No obstante, las salas del antiguo Egipto con su recopilación de sarcófagos y momias expoliadas (dudo que estar expuestos sus restos en una sala fuera el concepto que tenían de inmortalidad en aquellos tiempos ya remotos), la etrusca, la de las colonias griegas en Roma y un largo etcétera de espacios con riquezas patrimoniales que el Reino Unido se ha llevado de aquí y de allá satisface la curiosidad de la visita.
A lo largo de un lustro tuve, por motivos laborales, la ocasión de visitar con frecuencia Londres y pasearla con detalle. Posteriormente, mis aterrizajes resultaron bastante más esporádicos. Y este año he vuelto después dos décadas sin pisarla.
No obstante, desde que la empiezo a pasear percibo que las sensaciones de hacerlo no han cambiado. Ni la estructura y el rótulo de las calles; el hecho de no tener claro a qué lado mirar al cruzarlas, los elevados precios en los restaurantes o su carácter cosmopolita.
No recordaba tanto el Thames link, el tren que enlaza el aeropuerto de Gatwick con la ciudad y que nos deja en la parada de City -poco después de atravesar el río Támesis- en apenas 40 minutos, por unas 15 libras por adulto. Nos alojamos en un Z hotel, alojamientos de habitaciones pequeñas aunque cómodas y, principalmente, con una relación precio asequible para los parámetros en que se mueve la capital inglesa. Además, si te asocias (la inscripción resulta gratuita), tienes ventajas como alargar el check out a las tres de la tarde.
Segundo amanecer almeriense. Esta vez decido preguntar rutas senderistas a la propietaria del alojamiento y del bar, Lola, y me anima a dirigirme hacia Los Albaricoques. La senda discurre por carretera comarcal, con escasa vegetación y sin demasiado contraste en el paisaje. Ando en dirección al cortijo de El Fraile y llego hasta el de Tenada. Hora y media larga entre ida y vuelta que me sirve para calibrar mejor el entorno agreste y algo monocromático, en el que resplandecen las viviendas blancas sin alturas de Fernán Pérez.
Desayuno de sabrosa tostada de jamón con tomate y aceite, sentados en mesa al agradable sol en la plaza de la pedanía, tomada por las mesas del bar, y carretera con tranquilidad, a ritmo local, en dirección a Rodalquilar. Esta también pedanía de Níjar llama la atención por su proliferación de tiendas y locales de restauración con cierto aire hippy, su poblado jardín botánico y, sobre todo, su antigua mina, al final del término, y completamente abandonada, de la que extraían oro. De ella quedan principalmente unas enormes tolvas, herencia del proceso que desarrollaban con grandes cantidades de agua.
Desierto, playa, agricultura… pronunciar el topónimo Almería
puede generar esas evocaciones. Y recorrer la provincia por carretera las
confirma con amplitud, y a la referida al campo se le añadiría los enormes
invernadores que salpimentan su tierra.
La primera toma de contacto en este viaje con la costa se produce en Carboneras, y obedece más a realizar una reparación rápida en el vehículo que al interés turístico. No obstante, nos permite pisar su arena playera y transitar por su paseo marítimo a una temperatura que en abril ya da para lucir manga corta a primera hora de la tarde hasta que empieza a soplar viento refrescante.
Artículo publicado en el número de marzo de El Periódico de Aquí
Puedes leerlo también en versión digital pinchando este enlace
Quina maravella. La exclamación podría surgir de manera espontánea, en valenciano, al contemplar la puesta de sol mediterránea en alguna pedanía del sur de la ciudad de Valencia. Quizás en El Saler, con sus playas y el imponente lago de la Albufera como enseñas; en El Palmar, ese islote pescador emblema de sosiego y comida dominical, o en Pinedo, rodeado por su huerta.
Precisamente en este último lugar -a 15 minutos en coche del centro metropolitano- emerge un restaurante que muestra en su rótulo, tal cual, esa denominación: Maravella. Conjuga en su nomenclatura la idea de mar y la de maravilla. Incluso con la ‘avella’ de avellana que bien podría evocar frutos secos de los que cultivaban antaño en su entorno.La titaina, elaboración típica de la Valencia marinera en Semana Santa, ya tiene nueva cocinera reina. O campeona. Y el sustantivo va en femenino porque la receta suele pasar de madres a hijas y las participantes en este torneo son siempre mujeres. A excepción, precisamente, de este año, en el que un osado debutante, José Díez, ha tratado, sin éxito, de dar la sorpresa.
La VI edición del Torneo de Titaina Valenciana ha encumbrado
a Paqui Martí, heredera de una saga de cocineras y especialista en moverse
entre fogones en un bar hasta que lo transmitió a sus hijos. En gran medida
responde al perfil de participante: mujer con una dilatada experiencia delante
de ollas y sartenes, originaria de los barrios marítimos de El Cabanyal o El Canyamelar,
y generosa dispensadora de titaina en las fiestas de Semana Santa.
Sirve como punto de partida para transitar por una pequeña población
que, en esas semanas de frío inciso que hermanan invierno y primavera, la
recorren sobre todo trabajadores en tareas de mantenimiento y, principalmente,
de preparación de los complejos turísticos para lo que están acostumbrados que
suele pasar de cara al verano.
Hasta que eso ocurra, y en este inciso temporal, puede disfrutarse con tranquilidad de su sol y de su cala. O saborear las primeras horas del día desde el mirador de su posta de Cruz Roja, acicalada de madera y ubicada en pleno centro de la playa, en el punto más estratégico para controlar una extensión que, de diámetro, no pasará del cuarto de kilómetro.
En la revista Plaza y en el digital Valencia Plaza publico un amplio reportaje sobre castillos valencianos.
Puedes leerlo en versión digital pinchando este enlace
Y puedes leer el ejemplar completo aquí
Por Héctor González
El mestizaje de tenues luces y afinadas cuerdas hipnotiza en el salón principal del edificio del Westin, hotel de cinco estrellas que originariamente emergió como fábrica de lanas y que, con su reconversión para alojamiento, despunta por el estilo Art Decó en su interior o por su jardín de ambiente mediterráneo coronado por una fuente de reminiscencias árabes.
Además de acoger a huéspedes ávidos de disfrutar de Valencia o de relajarse en un espacio ubicado junto a la avenida de la Alameda, en uno de los enclaves más exclusivos de la ciudad, alberga conciertos. Entre ellos sobresale el llamado candlelight por llevarse a cabo bajo la iluminación de miles de velas. La enorme lámpara que pende en su salón principal ejerce de testigo oscuro. No refulge. Se mantiene apagada.
Empieza el espectáculo
Las penumbras, alteradas visualmente por el cadencioso movimiento de la llama de las velas, inducen a concentrar toda la atención en el foco que contornea la citada iluminación. En su centro, sobre un escenario generado para la ocasión, reposan cuatro sillas. Al principio se hallan vacías. No obstante, siguen atrayendo las miradas de las personas que llenan el salón para escuchar el concierto.
Un movimiento. Un leve sonido de pisadas. Cuatro figuras femeninas suben, con gracilidad, la escalera que conduce hasta la cima del escenario. Se sientan. Y comienza el espectáculo organizado por la empresa Fever. El pasado día 8 de marzo se trató de un tributo al cantautor Ed Sheeran. Lo protagonizó el Cuarteto de Cuerda Valencia.
Sus, evidentemente, cuatro componentes, todas mujeres ataviadas con tonos negros y naranjas que encajaban a la perfección en la escenografía de velas y sombras, interpretaron piezas tan conocidas de Sheeran como Perfect, Galway Girl o Happier. Cada tres o cuatro, una de las artistas asía el micrófono, se ponía en pie, ofrecía un titular sobre las siguientes interpretaciones y daba un par de pinceladas orales sobre el grupo que conforman.
Artículo publicado en el número de marzo de El Periódico de Aquí
Existen frikis, o acérrimos, o incondicionales, del coleccionismo de cromos, en alguna o en sus múltiples temáticas. Y también proliferan en los municipios de la provincia de Valencia fervientes seguidores de productos y cuestiones relacionados con las Fallas, con la gran fiesta que alcanza su clímax en la festividad de San José y los días previos. Ahora, quienes comparten ambas aficiones las pueden desarrollar conjuntamente con la iniciativa Fallascards.
La misma empresa -el Grupo HolyCards- que vende cromos de la Semana Santa de Sevilla o de los Carnavales de Cádiz se ha lanzado a esta aventura comercial y social. Lo ha hecho en el primer trimestre de este 2026 con la colección resumen del año anterior, la que recopila 486 imágenes de 2025 para completar el álbum que se vende a 14,95 euros, con cinco sobres incluidos (por separado, cuesta a euro la unidad).
Entrevista en el programa Mañana es tarde, de Intereconomía, sobre el I Concurs de Bunyols Valencians.
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Artículo: Tiempo de Fallas
Posiblemente constituya la variable más determinante de la fiesta. ¿Qué tiempo hará en Fallas? La pregunta pulula por la mente y se traslada a múltiples conversaciones en los días previos. La meteorología influirá y mucho, más allá de que una tormenta de carácter torrencial provoque la suspensión de alguna de las mascletás de las que a lo largo de prácticamente tres semanas son disparadas en la plaza del Ayuntamiento de Valencia.
La experiencia nos ha permitido confirmar la elevada calidad de la confección de los participantes y conocer sus historias. Estas últimas van desde las cuatro generaciones de buñoleros de establecimientos tan emblemáticos como El Contraste o Bienve, ambos en la ciudad de Valencia, al desarrollo meticuloso de un manchego genuino, como Casa Piloto, la capacidad de adaptación de una dominicana para ofrecerlos con sus propio toque en Sabor, ubicado en Tavernes Blanques, o la pasión por la tradición, con marmita de barro incluida, de Mary, la propietaria de El Origen. O la innovación en la marca de Míster Churro, con sede ahora en el mercado de Aldaia, o la capacidad de una pastelería de lujo de ofrecer un sabroso buñuelo clásico.
Mari-Carmen Henares (Los buñuelos de Mary)Las historias podrían seguir debido a la calidad y amplia participación. Ha sido una jornada intensa, como jurados, de degustación, normalmente sin añadir azúcar, y valorando criterios como el carácter crujiente, esponjoso, el aspecto, la intensidad del sabor a calabaza, el regusto... Para llegar a un veredicto muy complicado.
En este enlace puede leerse el resultado final de la deliberación
Quina maravella. La exclamación podría surgir de manera espontánea al contemplar la puesta de sol mediterránea en alguna pedanía del sur de la ciudad de Valencia. Quizás en El Saler, con sus playas y el imponente lago de la Albufera como enseñas; en El Palmar, ese islote pescador emblema de sosiego y comida dominical, o en Pinedo, rodeado por su huerta.
Precisamente en este último lugar -a 15 minutos en coche del
centro metropolitano- emerge un restaurante que muestra en su rótulo, tal cual,
esa denominación: Maravella. Conjuga en su nomenclatura la idea de mar y la de
maravilla. Incluso con la ‘avella’ de avellana que bien podría evocar frutos
secos de los que cultivaban antaño en su entorno.
La revista Plaza y el digital Valencia Plaza me publican un reportaje sobre la ola de fervor espiritual a escala global y cómo la Iglesia católica está afrontando, desde el punto de vista de la comunicación, ese auge.
Puedes leer el artículo completo pinchando este enlace
Este lunes 23 participé en el programa Intercafé, de Intereconomía, que se emite por radio y por youtube.
En este enlace puedes acceder a un artículo que resume mi intervención
Artículo publicado en el número de enero de El Periódico de Aquí
Este es el discurso que pronuncié como presidente de la Asociación Profesional de Periodistas Valencianos:
En España lo
celebramos el 24 de enero, aunque en Valencia este año lo hayamos retrasado al
30. A escala mundial se conmemora el 8 de septiembre. En México, el 4 de enero;
en Brasil, el 7 de abril; en Argentina, el 7 de junio. Y así podríamos seguir
extendiéndonos en fechas y lugares.
Son diferentes, desde luego; no obstante, coinciden en lo fundamental: destacar la labor del periodismo y de ese ente que siempre me ha parecido tan genérico que engloba lo que se ha denominado históricamente prensa.
El acto de exhibición pública se ha realizado esta semana dentro de la saga ‘Cuatro estaciones de la terreta’ que presenta cada ciclo estacional del año el restaurante Mi Cub y que suele maridar, como es el caso, con también una cerveza clásica valenciana: Turia.
Nazaret, La Malvarrosa y otros espacios del litoral de la ciudad, como el puerto, aparecen en las instantáneas en blanco y negro que recuerdan cómo eran aquellos lugares antes de la transformación urbana que ha experimentado la capital de la Comunitat Valenciana en las últimas décadas. También emergen retazos de municipios del interior de la provincia, como Canals o Bolbaite, ya que el autor residía en la comarca de la Costera.
Día urbano. En este caso para desplazarse a la ciudad
francesa de Estrasburgo. Francesa por poco, porque la separa el puente sobre el
Rín de Alemania. La capital alsaciana -y oficialmente también de la Navidad- se
halla pegada literalmente al país vecino de Francia por el centroeste. Si a eso
sumamos el constante cambio de ‘propiedad’ de esta región entre los dos grandes
colosos nacionales, resulta fácil comprender su mezcolanza y su carácter
ambivalente.
En cualquier caso, un día más lo que prima y condiciona es el frío invernal. A eso se suma, en esta primera jornada del año, que cuando llegamos, como suele ocurrir en esa fecha señalada, se encuentra la inmensa mayoría de locales y atracciones cerrados. En la oficina de turismo nos dan como únicas opciones la entrada libre a la catedral (que haremos, sobre todo teniendo en cuenta su monumentalidad) y los recorridos en trenecito y barquito por una nueva Pequeña Venecia, como las que ya hemos visto en Colmar y Friburgo. Estas dos últimas alternativas las descartamos.
Hoy de nuevo toca día de pueblos, en esa alternancia que
hemos establecido con ciudades. En este caso, además, orientados al interior de
Alemania, hacia la archiconocida Selva Negra. Precisamente por ese motivo nos encaminamos
y entramos en el Nationalpark Schwarzwald o Parque Nacional del Bosque (o la
Selva) Negro.
Empezamos por Sankenback una localidad de estilo alpino repleta de hoteles y alojamientos que, atravesada, nos conduce a un conglomerado de rutas para senderistas. Nuestra intención inicial consistía en dirigirnos a su cascada; no obstante, la carretera de acceso está repleta de nieve y eso nos hace retraernos de nuestro propósito de llegar con nuestro vehículo.
Nos hacemos con algo de bollería y chocolate caliente para llevar en el horno de Waldum y ponemos rumbo a la histórica localidad del sudoeste de la Selva Negra que, como ligeramente comprobaremos cuando nos aproximemos, disfruta de un clima más templado que la media alemana. Esto, a finales de diciembre, significa que hoy alcanzaremos en algún momento los dos grados sobre cero de temperatura.
En el tercer día no subiremos de -0,5 grados ni en los minutos de apogeo diurno en los que el sol amaga con salir pero únicamente se asoma. Nos lo tomamos con tranquilidad después del trayecto más intenso de ayer.
En nuestra barriada, Waldum, apenas existe un horno
cafetería en el que la única mesa aparentemente disponible está reservada, por
lo que nos encaminamos en ayunas hacia nuestro primer pueblo de destino:
Sasbachwalden, afamado por su ruta de bodegas y viñedos. Por desgracia, sobre
los campos de cultivo reposa una capa blanca que les resta posibilidades de caminata
y les proporciona una tonalidad menos parecida a la de las uvas que de ellos
germinan.
Nos conformamos con dar un breve y frío paseo y disfrutar de un desayuno en una panadería menos llena, donde coincidimos con dos parejas de españoles, cada cual con su propio itinerario. En esta época del año nos cruzamos con numerosos compatriotas que también andan visitando estas tierras.
Como aficionado del Valencia CF que vio la peor derrota de la historia reciente europea del club in situ (7-0), Karlsruhe me trae nefastos recuerdos. No obstante, eso no resulta óbice para darle una segunda oportunidad, la turística, y hacer el recorrido más placentero y rápido, ya que en lugar de viajar en autobús durante 23 horas me desplazo en avión, también desde Valencia, y aterrizo 125 minutos después.
Pese a estar Alemania dentro de la denominada zona Schengen, al aterrizar en el aeropuerto de Baden Baden-Karlsruhe y tratar de salir por la puerta tenemos que pasar un control de documentación que provoca una acumulación mayor al retraso que ya llevábamos por la salida tardía del vuelo.
El Camino de Santiago valenciano, con inicio en la conocida como Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia, atraviesa la provincia hasta desembocar en Albacete, donde confluye con otras rutas jacobeas y encara ya hacia el centro de la península para, a continuación, cruzar tierras castellanas y enfilar rumbo a Galicia.
También llamado -con una perspectiva más centralista- Camino de Santiago de Levante, comienza en pleno centro de la capital valenciana, en la plaza de la Virgen. Desde allí prosigue por la de la Reina y encara San Vicente, una de las arterias más espigadas de la ciudad con alrededor de tres kilómetros de distancia.Para concluir esta recopilación de recuerdos del viaje de cien días por Centroamérica, Perú y Bolivia con motivo de su 25 aniversario, voy a enumerar retazos de cinco lugares que me dejaron especial huella memorística más allá de los que he contado, con más extensión, en anteriores crónicas de este serial encabezado con el título de Historias por LATAM.
-Iglesia de San Juan Chamula. En el estado mexicano de Chiapas, impresiona por el fervor, el colorido y las singulares ofrendas que entregan los feligreses. Entre estas últimas, cuando estuvimos, destacaban las botellas de coca-cola. El templo transmite unas sensaciones especiales. Se halla cercado de tumbas sobre las que reposan vistosas cruces y escuálidos perros. La singularidad de sus imágenes interiores y, en general, todo lo que transmite, lo convierte en un espacio muy diferente al habitual que identifica a cualquier otra iglesia.
El pasado martes 23 participé en la tertulia del programa Intercafé, de Intereconomía Valencia, en el que hablamos sobre Extremadura.
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Y puedes leer el artículo en particular también en versión digital pinchando este enlace
El lago destaca por su profundidad y por claridad. Con barcas a motor nos desplazábamos desde la pequeña Santiago a la capital, Panajachel, a la bella San Marcos, a San Pedro o a cualquier otra de sus poblaciones aledañas. Aunque no hacía falta moverse mucho para disfrutar de sus coloridos mercados locales, de sus exquisitas frutas o, simplemente, de su calma, de la armonía que transmitía el lugar.