Segundo amanecer almeriense. Esta vez decido preguntar rutas senderistas a la propietaria del alojamiento y del bar, Lola, y me anima a dirigirme hacia Los Albaricoques. La senda discurre por carretera comarcal, con escasa vegetación y sin demasiado contraste en el paisaje. Ando en dirección al cortijo de El Fraile y llego hasta el de Tenada. Hora y media larga entre ida y vuelta que me sirve para calibrar mejor el entorno agreste y algo monocromático, en el que resplandecen las viviendas blancas sin alturas de Fernán Pérez.
Desayuno de sabrosa tostada de jamón con tomate y aceite, sentados en mesa al agradable sol en la plaza de la pedanía, tomada por las mesas del bar, y carretera con tranquilidad, a ritmo local, en dirección a Rodalquilar. Esta también pedanía de Níjar llama la atención por su proliferación de tiendas y locales de restauración con cierto aire hippy, su poblado jardín botánico y, sobre todo, su antigua mina, al final del término, y completamente abandonada, de la que extraían oro. De ella quedan principalmente unas enormes tolvas, herencia del proceso que desarrollaban con grandes cantidades de agua.


























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