La paella dominical, o sabatina, constituye tanto una costumbre gastronómica que hermana a amigos o familiares como una especie de liturgia en la provincia de Valencia. Para cumplirla resulta tan importante el contenido -lo que supone el alimento preparado-, como el envoltorio, la paella en sí.
Si se cuenta con una cocinero realmente hábil -pocos en
Valencia afirman no tener pericia en la confección- y un paellero -de obra o
improvisado con el fin de que arda la leña de manera controlada- para la
elaboración , se cierra el círculo de la perfección. Como no suele ser lo más
habitual, se tiende a encargar la paella.
El procedimiento arraigado consiste en ir a recogerla con
vehículo y con acompañante. No se acostumbra a hacer en solitario, ya que la
conversación, la compañía, forman parte del protocolo de la propia degustación.
Además, cada uno la cogerá de un asa.











































