Tercer día. Cita en el British Museum. Gracias a haber reservado
en su web con antelación a coste cero y a una hora determinada (las 10,10) nos
ahorramos una larga cola de personas que van a solicitar directamente la
entrada en taquilla. Entramos y vamos directos a la zona de Grecia, hacia el
friso del Partenón, con gran parte de los 160 metros de esculturas que lo
recorrían. Antes, una aglomeración de personas haciéndose fotos nos permite
detectar que pasamos junto a la piedra Rosetta.
Una pena que estén cerradas salas importantes como la del mundo de Alejandro, la del mausoleo de Halicarnaso o la del imperio asirio. No obstante, las salas del antiguo Egipto con su recopilación de sarcófagos y momias expoliadas (dudo que estar expuestos sus restos en una sala fuera el concepto que tenían de inmortalidad en aquellos tiempos ya remotos), la etrusca, la de las colonias griegas en Roma y un largo etcétera de espacios con riquezas patrimoniales que el Reino Unido se ha llevado de aquí y de allá satisface la curiosidad de la visita.




























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