La coca, en la España mediterránea, consiste en una masa
horneada, similar al pan en la textura, que puede ser dulce o salada,
normalmente en función de aquello con que se le acompañe o la corone. Quizás
resulte más blanda, como las habituales de dacsa (maíz) del sur de la provincia
de Valencia, en la Safor; o más contundente, similar a una pizza, tal como se
sirve en la comarca de la Marina, de Alicante.
En la capital autonómica la tradición de su consumo no se
encuentra tan asentada como en otras localidades; no obstante, está hallando un
camino expedito, debido a su flexibilidad para combinar sabores y a la calidad
de la masa, para darse a conocer y, sobre todo, agradar.
En esa línea ha emergido la iniciativa de la Ruta de les Coques by Ambar, con la empresa cervecera como principal patrocinador. Participan restaurantes de diversas barriadas de Valencia con la finalidad de competir por ofrecer el producto más valorado -el consumidor lo vota- y, principalmente, por aguzar el ingenio dándole una vuelta a la elaboración y potenciando el sabor de la coca.
Cada uno de los 23 locales que forman parte del recorrido de
esta tercera edición tiene la completa libertad para escoger su propuesta. Incluso
el modelo de coca, ya que esta confección contiene diferentes ingredientes y,
sobre todo, formas, aunque la más habitual es la circular, con un tamaño que podría
definirse entre media y un tercio de una pizza estándar. No obstante, el volumen,
con mayor grosor, suele superarla.
La oportunidad de degustación de las cocas comenzó el pasado
4 de mayo y durará hasta el día 18 de este mismo mes. El producto se marida con
diferentes variedades de la marca de cerveza anteriormente citada o con una copa de vino chardonnay Anayón,
también patrocinador. El proyecto lo dirigen y desarrollan el hostelero Andrés
García y la periodista Iris Montoya.
Además
de degustar este producto tradicional valenciano actualizado con el giro
ingenioso que cada cocinero haya decidido otorgarle, la Ruta de la Coca permite
al público conocer locales. O comprender la historia de quienes los dirigen.
En
el distrito de Extramurs abren sus puertas sendos ejemplos antagónicos que,
paradójicamente, guardan sus similitudes. Dos de las principales consisten en
compartir un radio de cien metros y en basar su progresión en sagas familiares.
En
cambio, sus diferencias radican, por ejemplo, en el tiempo de trabajo en la
barriada o en la presentación y en los ingredientes con los que han aderezado
sus cocas.
Abastece
Restaurante ha apostado por ‘Prisionera en Flames’, de berenjena asada a la
llama, presa ibérica al Pedro Ximénez y aroma de romero, con pétalos de cebolla
encurtida. Presenta su confección como si de ella brotara un incendio (de ahí
el título de flames).
Sirve
cocina, precisamente, de mercado, con apuestas en la actualidad como el atún
rojo. Busca marcar su propio camino y superar la estela de su antecesor en el
mismo punto, un conocido restaurante italiano que permaneció en ese espacio
durante décadas. Para ello quiere disfrutar de los días buenos –“aquellos que
te gratifican porque la gente sale contenta del restaurante”- y superar con una
sonrisa, aunque no resulte tan amplio, los malos, cuando la realidad hace
menguar las previsiones.
A
un centenar de metros, en la calle Buen Orden -Abastece se halla en Héroe Romeu-
abre cada día su negocio desde hace dos décadas Camiri, un restaurante con
amplio repertorio culinario argentino. En esta edición del concurso ha
preferido esquivar esas raíces y compite con una coca de la Marina Alta con
ragout de blanco y negro a la brasa y tartar de quisquilla.
La
iniciativa en los fogones parte de Lucas Maldonado, el cocinero y segunda
generación del local. Ávido por desarrollar el ingenio y por participar en
competiciones gastronómicas que le ayuden a superarse, repite participación en
la ruta. Lo hace expectante, con ganas de escuchar sugerencias o quejas de
comensales y con el convencimiento de que esta iniciativa coquera más que una
competición supone una oportunidad para pulir la inventiva.
Y así podríamos seguir con otras 21 historias
hasta completar los 23 participantes que, durante estos días y por un precio de
diez euros, ofrecen un maridaje de coca con cerveza o con vino. Una vez pase el
18 de mayo quitarán de sus cartas esta elaboración de masa tan mediterránea. Únicamente
sobrevivirá, durante unas semanas más, la ganadora. A partir de entonces restará
esperar a la próxima edición de este certamen bianual.
Puedes leer la crónica también en tragourmet.com pinchando este enlace



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