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Artículo: Tiempo de Fallas
Posiblemente constituya la variable más determinante de la fiesta. ¿Qué tiempo hará en Fallas? La pregunta pulula por la mente y se traslada a múltiples conversaciones en los días previos. La meteorología influirá y mucho, más allá de que una tormenta de carácter torrencial provoque la suspensión de alguna de las mascletás de las que a lo largo de prácticamente tres semanas son disparadas en la plaza del Ayuntamiento de Valencia.
El mal tiempo en forma de lluvia copiosa o de viento iracundo que pueda poner en entredicho el monumento, deslucir el acicalado en la Ofrenda o complicar la cremá, forma parte del riesgo de una fiesta que, excepto los ratos que discurren en el casal o bajo la carpa, se desarrolla y luce en el exterior. Se trata de una celebración de calle, urbana, para jolgorio y bullicio de sus participantes y de todos sus convecinos. Una meteorología desapacible lo cambia todo.
Por el contrario, también la profusión de diálogos sobre los festejos ha permitido acuñar la cariñosa expresión Tiempo de Fallas para referirnos a días de bonanza, luminosos y soleados, que preludian el inicio de la primavera, que subrayan la privilegiada climatología -en líneas generales- de la provincia de Valencia.
Ese es el mejor. El Tiempo de Fallas que nos permite disfrutar
de la cerveza (o cervecita en la terracita, como nos gusta decir), de la
música, de los conciertos y, por extensión, de la fiesta en sí. Y que nos
anticipa que los días ya se alargan hasta la flexible hora de cenar, que la
Semana Santa está a la vuelta de la esquina y que el verano aguarda solo una
estación más allá. Qué empieza la etapa de mayor esplendor del año en Valencia.
Quizás es el más popular, no sé si por frecuente o por
deseado. Por ese motivo denominamos a esa situación plácida, que anima a
disfrutar de la fiesta y a saborearla en todos sus matices, Tiempo de Fallas.
También existe el neutro, el de días menos definibles en los
que el sol avanza y retrocede, con chubascos ocasionales, con noches frías, que
pasa más desapercibido, como el buen árbitro en un partido. Se trata de un
tiempo respetuoso con la fiesta, o de unas Fallas que han superado el riesgo
anual de un mal tiempo que cada marzo se cierne sobre las cabezas y se
confabula como una de las mayores preocupaciones de sus decenas de miles de
protagonistas.
En cualquier caso, en lo que atañe a la meteorología,
respecto a su impacto, únicamente podemos elucubrar y contamos con nula
capacidad para decidir. No depende de nosotros, simples y orgullosos
valencianos. Ni tampoco sabremos con algo -que no mucha- certeza cómo llegará
hasta los aledaños cronológicos mismos de la fiesta. Únicamente podemos rezar,
implorar, desear, comentar o cruzar los dedos para que las celebraciones puedan
lucir en todo su fulgor.
Solo tenemos la capacidad de centrarnos en prepararlas con
la mayor ilusión esperando que, este año sí o también, haga Tiempo de Fallas.
Artículo de este 2026 para la revista l'Embolic, de la falla Doctor Collado


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