Tercer día. Cita en el British Museum. Gracias a haber reservado
en su web con antelación a coste cero y a una hora determinada (las 10,10) nos
ahorramos una larga cola de personas que van a solicitar directamente la
entrada en taquilla. Entramos y vamos directos a la zona de Grecia, hacia el
friso del Partenón, con gran parte de los 160 metros de esculturas que lo
recorrían. Antes, una aglomeración de personas haciéndose fotos nos permite
detectar que pasamos junto a la piedra Rosetta.
Una pena que estén cerradas salas importantes como la del mundo de Alejandro, la del mausoleo de Halicarnaso o la del imperio asirio. No obstante, las salas del antiguo Egipto con su recopilación de sarcófagos y momias expoliadas (dudo que estar expuestos sus restos en una sala fuera el concepto que tenían de inmortalidad en aquellos tiempos ya remotos), la etrusca, la de las colonias griegas en Roma y un largo etcétera de espacios con riquezas patrimoniales que el Reino Unido se ha llevado de aquí y de allá satisface la curiosidad de la visita.
Nos dirigimos, con la Central Line a unos diez minutos a pie del Borough Market, una opción similar a la del día anterior en Portobello para comer de puestos callejeros, aunque algo más estáticos y con productos a un precio un pelín elevada. Nuestra opción consiste en ponernos a la cola del fishkitchen para pedir sus afamados fish and chips, a 16 libras la caja. La calidad del primero se nota en el sabor del pescado y en el crujiente del rebozado.
Me gustan más que en Poppies, aunque puntuaría menos a las patatas. De postre nos bebemos, en otro local, una limonada con yuzu, un cítrico asiático que le da un sabor tan difícil de detectar -como mínimo en el puesto donde lo adquirimos a cinco libras- que apenas distingue al líquido de la clásica limonada.
Nos subimos en la Northern Line para empalmar con la Great
Northern Line y desembocar en el campo del Arsenal, el Emirates Estadium. Esta
vez no vamos de partido, sino de recorrido por las gradas vacías en una visita
sobre la que una audioguía nos ofrecerá unos detalles superficiales.
Decepcionante, cara y poco recomendable para quien no sea aficionado acérrimo
del Arsenal o no haya visitado antes otros estadios con recorridos menos caros
y más completos y tenga la suerte de sorprenderse en positivo por carecer de
elementos de comparación.
Volvemos caminando desde Dryton Park, atravesamos la espigada Liverpool Road, compramos una bebida y unos mochis de té matcha en un supermercado coreano y retornamos al hotel en este día de meteorología tan cambiante como habitual. Cenamos en otro descubrimiento: Wagamama Covent Garden, con deliciosos nodlees e invitaciones a bebidas como té chino o cococino (leche y chocolate espolvoreado). Por 20 libras comemos dos personas.
El último día lo dedicamos al imperdible paseo por la orilla
del Támesis para subir a la altura del Parlamento y caminar junto a este
edificio, el de la abadía de Westminster, el puente de Londres, Picadilly… y
desembocar en Trafalgar Square. Muy cerca, junto a la estatua de Nelson y en el
lado contrario del espacio donde se ubica la National Gallery, abre sus puertas
cada día el pub Silver Cross, con comida casera de sabor conseguido a buen
precio.
Desde allí retornamos al Z City Hotel -donde, por cierto,
junto al mostrador puedes disfrutar de unos deliciosos sorbos de agua con
pepino-, apuramos hasta las 15 horas, nos colgamos las mochilas a la espalda y nos
dirigimos a la estación de City Thameslink para subir en nuestro tren con destino
final Brighton aunque con parada real justo la anterior a esta terminación, la
del aeropuerto de Gatwick.
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