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jueves, 5 de julio de 2012

La credibilidad de un ´tuit' (Levante-EMV)


“La lucha sin freno por la audiencia genera pérdida de credibilidad”. Esta frase, atribuida por Vicente Climent, en su libro ´Tendencias periodísticas´, a Javier Davara, formador de periodistas en la Universidad Complutense de Madrid, sintetiza la lamentable difusión lograda por un bulo gestado en twitter sobre el futbolista Andrés Iniesta y su falsa donación de la prima ganada con la selección española. El afán por anticiparse y colgar los 140 apresurados caracteres alusivos al tema desbordó el caudal internauta y se llevó por delante parte de esa credibilidad de algunos de sus ´retuiteadores´.

Twitter no ha de valorarse como un medio informativo, con todas las connotaciones que ello implica. Más bien constituye un foro abigarrado que puede ejercer de fuente de información pero donde, al igual que enlaces de noticias contrastadas, habitan bromas, conversaciones o, simplemente, intoxicaciones. Insisto, en el mejor de los casos se consigue adoptar como una fuente que proporciona una información que, como cualquier otra antes de ser publicada, requiere de su contraste.

La divulgación de este bulo y, sobre todo, la cura de humildad que ha supuesto para quien ha contribuido a ello, tiene también un efecto positivo: desmitificar los ´tuits´. Que una persona arrastre a cientos de miles de seguidores no implica que sus frases constituyan verdades absolutas. La televisiva Carmen Lomana, transmitiendo con una sentencia su consternación por el irreal fallecimiento de Emilio Botín a pesar del saludable aspecto que luce el banquero, lo corroboró con creces escasos meses atrás.

Como digo, el hecho de que este tipo de infundios en la red queden desvelados debe de inducir a una profunda reflexión, sobre todo a los periodistas. Querer transmitir con aceleración una noticia nunca debe anteponerse a profanar ese culto al rigor que caracteriza a un profesional de la información.

Oficio imprescindible

Al contrario, debe desmarcarle. En esta saturación de información sin cribar, el periodista dispone de una ocasión única para reivindicar su marchito papel de experto en transmitir noticias precisas, exactas, rigurosas y, sobre todo, veraces. Ya sea a través de un medio de comunicación convencional o de redes sociales. O por ambos sistemas enlazando al primero en las segundas. Esta y otras falsedades destapadas suponen, en cierto modo, una ocasión perfecta para demostrar a la sociedad el papel primordial y necesario del periodismo. Para revaluar un oficio imprescindible.