El Camino de Santiago valenciano, con inicio en la conocida como Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia, atraviesa la provincia hasta desembocar en Albacete, donde confluye con otras rutas jacobeas y encara ya hacia el centro de la península para, a continuación, cruzar tierras castellanas y enfilar rumbo a Galicia.
También llamado -con una perspectiva más centralista- Camino de Santiago de Levante, comienza en pleno centro de la capital valenciana, en la plaza de la Virgen. Desde allí prosigue por la de la Reina y encara San Vicente, una de las arterias más espigadas de la ciudad con alrededor de tres kilómetros de distancia.Entre aceras estrechas y escasa indicación (tónica esta última de buena parte del itinerario valentino) llega hasta la Cruz Cubierta, el enorme monolito que ejerce de señal de término y distingue también al periférico barrio de San Marcelino.
El recorrido atraviesa el denominado cauce nuevo del río
Turia para descender hasta la pedanía de La Torre, donde el término de Valencia
se difumina. No obstante, el Camino continúa por entorno urbano, ya que se
inicia un conglomerado que suma los municipios de Alfafar, Benetússer,
Massanassa, Catarroja y Albal. Las flechas amarillas se pierden, las conchas
apenas existen y resulta casi inútil preguntar por el trazado, ya que constituye
un gran desconocido en estas poblaciones.
Así alcanzamos la localidad más pequeña de la zona,
Beniparrell, cuyo polígono supera con creces en tamaño al casco urbano. En su
ayuntamiento, previa búsqueda pormenorizada, nos saben dar pistas para
proseguir hasta Silla, donde, por primera vez, encontramos a alguien avezado en
la ruta que nos proporciona las indicaciones adecuadas.
Es a la salida de esta población cuando la fisonomía se metamorfosea totalmente. Pasamos de calles encadenadas y construcciones seguidas de términos municipales colindantes a contemplar la panorámica del lago de la Albufera, con el mar Mediterráneo de fondo. Comienza el placer peregrino con avistamiento de aves, trasiego por arrozales y una lontananza que observar.
Así andamos casi una decena de kilómetros hasta llegar a la pedanía de El Romaní, en el término municipal de Sollana, con su apeadero de tren de cercanías que resulta necesario atravesar porque, a partir de aquí, el Camino de Santiago vira hacia el interior de la provincia. Cumplimos los 20.000 metros recorridos.
Cuatro kilómetros después nos plantamos en Almussafes, conocida internacionalmente por su factoría de Ford, y más monumentalmente por su torre mora. Se halla únicamente separada de Benifaió por el barranco del Tramusser, que desemboca en la antes citada Albufera (ya no la vemos y echamos de menos).
Recorremos Benifaió (o Benifayó) por su centro, lo que nos permite entrar en su mercado municipal, discurrir junto a la Torre de la Plaza o admirar la fachada de la iglesia de San Pedro Apóstol.
El siguiente hito en el camino, ya a 38 kilómetros de
Valencia, lo supone Algemesí. El Camino se disfruta plenamente a esta
distancia, con un recorrido previo por el término de Alginet y una larga recta
salpimentada de campos de caquis y cítricos. Por ella andamos de manera plácida
una docena de kilómetros hasta desembocar en la antes citada Algemesí, una
localidad en expansión que se acerca a los 30.000 habitantes.
Disfrutamos de un almuerzo tradicional (en mi caso, con bocadillo de longaniza, patatas fritas y ajos tiernos) en el casino de la cooperativa, para proseguir por la plaza Mayor, atravesar uno de los puentes sobre el río Magro, pasar junto al enorme conglomerado educativo de Maristas y enfilar hacia Alzira, la capital de la comarca, ubicada a unos cuatro kilómetros.
Más campos de cítricos, un alargado polígono industrial y entrada por el clásico puente con cubierta metálica que identifica a la localidad surgida, en sus inicios, como un islote amurallado en el río Xúquer o Júcar. Las señales, más prolíficas a partir de la salida de Algemesí, nos llevan a plantarnos ante los restos de la casa donde falleció Jaume I, el monarca conquistador, el líder histórico más aclamado en las tierras del antiguo Reino de Valencia.
Paseamos por el entramado histórico y más moderno de Alzira con el fin de dirigirnos hacia Carcaixent, población también conocida como ‘la cuna de la naranja’, con sus casonas históricas y su trazado rectilíneo. Aquí nos aproximamos a los 50 kilómetros de recorrido desde Valencia. Es nuestra meta. En la estación subimos a la línea de cercanías C-2 con destino a la capital.
Ese recorrido férreo pasa por diferentes localidades del
Camino, como las antes citadas Algemesí o Silla o las más alejadas de Xátiva y
Moixent, por lo que resulta una buena forma de ir cubriendo etapas de una manera
más anárquica. O para convertirlas en paseos excursionistas de un día con salida
y destino Estación del Nord, en Valencia.








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