Tapiada, sin acceso exterior, como un apéndice de un inmueble colindante, la torre de San Bartolomé se asoma de este modo en el casco histórico de Valencia, entre las calles Concordia y Serranos. Pocos se fijan en ella pese a hallarse en un lugar tan concurrido. Quizás por los incontables y esbeltos monumentos que atesora el epicentro urbano.
Aunque perteneció a las diez parroquias primigenias de la ciudad según la división que hizo Jaume I intramuros, perdió su templo con el incendio y la posterior demolición en 1944. Desde entonces, sin entrada ni propietario reconocido, se mantiene erguida, como un hito entre el Palau de la Generalitat y las torres de Serranos.

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