Iniciamos una jornada de viaje largo intercalada con visitas relevantes y alguna no tanto. Desde el mar Muerto nos dirigimos hacia Madaba, una ciudad de alrededor de 75.000 habitantes conocida por tener el monte Nebo en su cercanía y el mosaico cartográfico más antiguo descubierto, del siglo VI, en su iglesia de san Jorge. El primero de estos lugares está envuelto entre la leyenda y la historia y, principalmente, las referencias bíblicas que has ido escuchando desde la infancia.
Moisés, su
visión de la conocida como Tierra Prometida para su pueblo en la diáspora, su
muerte...el ascenso al monte Nebo gira en torno a esta circunstancia, a
situarnos en el punto desde el que se supone que el profeta contempló el lugar
donde si iba a instalar la numerosa comitiva que lo acompañaba desde Egipto y
la que se fue sumando en su búsqueda del espacio indicado donde asentarse. Una
panorámica que impresiona más por este relato que por lo que se observa, con la
ciudad de Jericó al frente.
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| Vista desde el monte Nebo |
También
resulta interesante saber la historia de los franciscanos que han preservado
los diferentes templos allí construidos o que han estado durante siglos
buscando infructuosamente la tumba de Moisés.
A la salida
del recorrido nuestro autobús, por una iniciativa de esas de guía turístico que
da un giro a los acontecimientos, nos para en una fábrica de mosaicos para que
nos expliquen su elaboración artesanal, como dos mil años antes. Nos insiste en
que no es para comprar; no obstante, después del relato de cómo confeccionan,
llega esa larga media hora en la que nos sumergen en una tienda en toda regla,
con el té de obsequio y con el guía sin ninguna prisa por marcharnos.

























