Front. Su nombre intriga. Hasta que descubres dónde se halla ubicado este bar que se explaya en coctelería y espacio de tardeo con DJ cada sábado. Abre sus puertas, configuradas por una enorme cristalera, cada día en la Marina de Valencia, frente al Mediterráneo. No lo hace en la mayormente concurrida zona de Veles e Vents. Su apuesta va más allá. Se ha situado en el espacio denominado The Terminal Hub, dedicado a empresas y emprendedores particulares centrados en la innovación.
Sorprende el tránsito tranquilo en este tramo portuaria mecido por la brisa marina. Esa sensación puede paladearse en la terraza de Front The Terminal Bar, ubicada en la calle Travesía, y contemplarse desde su interior, en un entorno marcado por la vegetación, los muebles discretos y una enorme y nutrida barra.
El local, impulsado por el Grupo El Alto, especializado en
restauración, y por Groovelines Team, centrado en ocio, cumple su primer año
cimentado en una mezcolanza, o una secuencia, de almuerzos a media mañana (el ancestral
brunch valenciano), comida y tardeo en la terraza, con coctelería y
animación musical en directo.
La batuta técnica la llevan el chef Juan Torres, curtido en
el distrito Marítimo de Valencia, y el brasileño Fillipe Suárez, encargado de
la coctelería. El primero se define como gastroeufórico por su recurrente sentimiento
de alegría, tanto cuando ejerce de cocinero como en el propio rol de comensal.
Por su parte, Suárez invita a disfrutar del momento con los cócteles que
elabora inspirados en su país natal.
Un aperitivo a base de sardina o de gilda constituye una
buena forma de empezar a saborear la carta de Front. El primero lo sirve el
diligente Juan Patricio, jefe de sala, en una cuidada mezcolanza de panceta
ibérica y frutos rojos. Por su parte, la gilda llega con tartar de atún, salsa
de trufa y anchoa incorporada.
El sabor de la trufa igualmente acompaña a la alcachofa
posterior, con pimiento y almendra rallada. Actúa a modo de antesala a la parpatana
de atún con reducción de ternera (curiosa y sabrosa sinergia), plato preliminar al arroz con
alitas de pollo deshuesadas y tropezones de costilla.
La confección arrocera, además de por su sabor, resalta por su presentación. Esta última se basa en un recipiente clásico en la cocina valenciana: la llauna o bandeja metálica, tradicional de los entornos horneros y propio de cuando en los pueblos la gente llevaba sus arroces al horno para cocerlos (todavía en algunos lugares se preserva esta costumbre). Ese recipiente también da nombre a la coca (abizcochada) de llauna.
Después de la comida el ambiente comienza a animarse. La
música acompaña, y la panorámica relaja el cuerpo y la mente e incita a
sumergirse en el placer de estar en primera línea marítima, frente al
Mediterráneo.


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