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lunes, 12 de enero de 2026

Por Alsacia y Selva Negra (IV): de lleno en la Selva Negra

 


Hoy de nuevo toca día de pueblos, en esa alternancia que hemos establecido con ciudades. En este caso, además, orientados al interior de Alemania, hacia la archiconocida Selva Negra. Precisamente por ese motivo nos encaminamos y entramos en el Nationalpark Schwarzwald o Parque Nacional del Bosque (o la Selva) Negro.

Empezamos por Sankenback una localidad de estilo alpino repleta de hoteles y alojamientos que, atravesada, nos conduce a un conglomerado de rutas para senderistas. Nuestra intención inicial consistía en dirigirnos a su cascada; no obstante, la carretera de acceso está repleta de nieve y eso nos hace retraernos de nuestro propósito de llegar con nuestro vehículo.

Preferimos aparcar antes y adentrarnos a observar a un grupo de ciervos y continuar a pie por encima de un puente de madera y hacia la colina enfrentada. La abundante ropa protectora con la que andamos rebozados y el frío que hace provocan que tendamos a acortar los recorridos. Distancias que en otra época del año haríamos con facilidad aquí se ralentizan.

En cualquier caso, cumplimos con nuestro paseo, volvemos a nuestro coche y nos desplazamos a la siguiente localidad de nuestro itinerario: Freudenstadt. Lo más relevante de su casco urbano lo constituye su enorme plaza, de la que presume como la más grande del país para acoger mercados. Sus 200 metros de extensión lo atestiguan. Los dos torreones de la iglesia y un vaso de vino caliente completan la visión y la experiencia.

Seguimos el recorrido hacia Alpirsbach, conocida por su museo de la cerveza. Antes de dirigirnos hacia él compramos algo de alimentación en un supermercado Lidl bastante escaso de repertorio. Será prácticamente lo único que hagamos en el municipio, ya que el citado museo, con la fábrica colindante, se hallan cerrados. Estamos en los últimos minutos de la mañana de un 31 de diciembre. Apenas no queda ya nada abierto excepto los supermercados de polígono.

Con esa realidad, agudizada, nos toparemos en la siguiente parada, Schiltach. Este precioso municipio selvático resalta por su entramado medieval, con museos tan singulares como el de farmacia o el de minas, y una enorme fuente con cuatro témpanos de hielo flotantes. Apenas nos cruzamos con alguien. Todo está cerrado. La única cafetería que vemos abierta al llegar ya no lo está cuando, al terminar el paseo, intentamos acceder a ella. A las 15 horas cierra todo.

No encontraremos ni horno ni restaurante ni comercio alguno abierto tampoco de camino a Kappelrodeck ni en esta misma localidad que circunvala el entorno de nuestro hotel. Nos quedamos sin comer y a la espera de una cena de Nochevieja con tintes estrambóticos, ya que la propietaria de nuestro alojamiento nos ha reservado mesa en un restaurante de tapas españolas llamado Mucho Macho, regentado por una familia armenia y ubicado en un pueblo cercano de la Selva Negra. Paradojas.

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