Se trata de dos construcciones tardomedievales ubicadas en pleno centro de Valencia. La primera, los llamados Baños del Almirante, comenzaron a construirse en el mandato de Jaume II y han permanecido en uso durante seis centurias. Ahora, aunque desde hace décadas dejaron de utilizarse para su fin original, se hallan cerrados por obras y de imposible acceso al público.
Mientras, el Palacio del Almirante, una de las joyas del gótico valenciano que salpimentan el centro metropolitano, permite visitar únicamente su patio. Adentrarse por sus instalaciones resulta, habitualmente, posible para los trabajadores de Conselleria de Hacienda, que tiene su sede en este inmueble; no obstante, para el resto de habitantes y turistas, no, salvo en días muy señalados.


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