Soria evoca páramo castellano, ciudades monumentales y despobladas, poemas de Bécquer y Machado, el cauce del río Duero o la pegadiza canción de Gabinete Galigari. Para comprobar que, como indica esta última, “allí me encuentro en la gloria, que no sentí jamás”, subimos al coche y conducimos hasta la provincia con menos densidad de población, aquella que agrupa en total a tantos moradores como la montañesa comarca de la Vall d’ Albaida, en Valencia. Sí, andamos por 90.000 vecinos.
El viaje se alarga más de lo previsto por un inacabable
atasco en el Alto Palancia castellonense que se prolonga más de 20 kilómetros.
Lo suficiente para añadir media hora al tiempo calculado. A partir de entonces,
desvío desde Teruel hacia Madrid y, a continuación, en dirección a Castilla y
León. “Voy camino Soria…”, como repite la letra de la canción antes aludida.
Y la primera parada llega en Burgo de Osma, la tercera ciudad en población de la provincia, con un censo que ronda los 5300. La oficina de turismo, enclavada en el antiguo hospital, con su vistoso claustro, constituye una de sus mejoras cartas de presentación. Ya te advierte de la magnitud de lo que verás.
