Con base en Issoudun, una localidad de alrededor de 12000 habitantes en el departamento de l'Indre, en la región Centre-Vall de Loira, salimos hacia Bourges, famosa por su enorme y singular catedral gótica, construida entre los siglos XII y XIV y en la que fue bautizado Louis XI. Las cinco naves que delimitan su interior, la falta de transepto, el reloj del siglo XV, su impresionante fachada principal con cinco puertas, o su symandro de madera para llamar a la oración, constituyen algunas de sus múltiples peculiaridades.
A la simple vista pronto demuestra el porqué de haber sido declarada patrimonio de la Unesco, con sus torres con punta de flecha en el exterior, con sus incontables figuras talladas en los frontales y laterales, con sus vidrieras o sus bellas capillas, refuerza esa imagen de emblema de la localidad.
No se trata del único punto de interés en esta ciudad que será capital cultural europea en 2028 - El mercado ambulante de martes y jueves permite aprovisionarse para recorrer, posteriormente, el tramo que sobrevive de muralla galorromana o las plazas ubicadas cerca de la rue Moyenne, más allá de la catedral, con sus casas de entramado de madera medieval o sus cafeterías de coquetas terrazas.
En Issoudun, nuestro punto de alojamiento, visitamos los puestos del mercado ambulante, que exponen viernes y sábados. Compramos queso en el que está especializado en el producto de cabra. No llegan a la decena, todos perfectamente instalados y acicalados y con especial presencia de pescaderías. Se asientan en la plaza del 10 de junio de 1994, cerca de la denominada Torre Blanca o vigía.
Hoy el principal atractivo del día será la visita a Valençay, un municipio ubicado a unos 40 kilómetros. En concreto, dedicaremos la mayor parte de la estancia a recorrer su imponente castillo. El precio de la entrada, con jardines incluidos, es de 14,50 euros. Una pena esta última parte, la ajardinada, ya que las restricciones de agua en agosto y la canícula provoca que esté pelada, casi socarrada en algunos tramos. Entre la pérdida de frondosidad y la alta temperatura, transitar por ese especio no atrae.
En cambio, sí que lo hace más recorrer el castillo que vivió su apogeo durante los años de mayor poderío del ministro, erudito, experto en política exterior, conspirador siempre próximo al ganador y un largo etcétera Charles Maurice de Talleyrand, cuyos restos reposan en un panteón convertido en museo en el que el único espacio a mostrar lo constituye su tumba, en el centro del casco urbano.
El castillo tuvo su azarosa etapa belicosa, con apogeo y destrucción, hasta que a principios del siglo XIX se hizo con él, a título de propietario, Talleyrand. Lo convirtió en epicentro de la alta sociedad francesa, en gran medida gracias a la labor que en su cocina desempeñó Antonin Caréme, considerado el iniciador de la alta cocina de Francia. Precisamente la visita a la antigua cocina supone uno de los puntos de más interés.
En este castillo se hospedaron Fernando VII y su corte durante casi seis años, hasta que retornaron a España con la coronación del primero en el llamado, precisamente, tratado de Valençay. El recorrido por el imponente palacio incluye las habitaciones donde se alojaron, al igual que el espacio que ocupaban el propio Talleyrand o su segunda esposa.
Rematamos la visita comiendo en l' Orangerie -un nombre que aunque recuerde a cítrico se extiende en francés a grandes dependencias acristaladas que preservan la temperatura- el menú del restaurante (20 euros para adultos) del mismo palacio.
De Valençay, previo paso por el centro de la localidad con visita a la cripta del estadista Talleyrand incluida, nos desplazamos hasta Levroux, en el que básicamente sobresale su casa medieval de madera del siglo XV, su colegiata de Saint-Sylvan iniciada en el siglo XIII y su reconstruida Puerta de Champagne, con sus torres paralelas.








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