lunes, 17 de agosto de 2026

Por Francia siguiendo el cauce del Lot

 La panadería constituye uno de los ejes más atractivos de la vida en un municipio rural francés. En Clairac, localidad de unos 2600 habitantes ubicada entre Burdeos y Toulouse en el departamento de Lot-et-Garonne, no es lo menos.  Por ese motivo cuando nos plantamos ante su entrada hemos de esperar una cola de siete personas para hacerse con una baguette o con uno de los tres cruasanes que quedan. Las napolitanas de chocolate (pain au chocolat) se terminaron hace rato.

Nos tomamos lo que hemos podido comprar todavía dulce en el horno y lo incorporamos a nuestro desayuno en el Café National, uno de los dos locales del ramo que existen en esta población de la región de Nueva Aquitania y del departamento de Lot et Garonne. El otro, la Playa, situado junto al río en el tramo de nado fluvial, ya lo probamos anoche.

Después del chocolate y de disfrutar de la piscina del hotel Orangerie ubicado junto al castillo de Marith, nos desplazamos hasta Nérac, una ciudad señorial, que preserva parte del castillo de los señores de Arbret y un casco histórico medieval que circunda el río. El sofocante calor resta fuerzas para el paseo y atrae en mayor medida a saborear el helado que tomamos en el embarcadero fluvial. Eso sí, atravesamos el ‘Puente viejo’ y entramos en la reconstruida iglesia de Nôtre-Dame, que sigue manteniendo su prestancia.

A diez kilómetros se ubica nuestro siguiente hito en el camino, Vianne, una pequeña localidad que destaca por tener su casco urbano completamente rodeado por una muralla con sus cuatro puertas e incluso rastrillo. No se trata de una fortaleza imponente ni elevada, ya que se halla a ras de carretera; no obstante, el haberse conservado íntegra le otorga todo el encanto.

Después de haber comido un pic nic de baguette con jamón de york y queso en un lateral de carretera y de volvernos a bañar en la piscina del alojamiento para atenuar el efecto de los más de 30 grados que sofocan la tarde, retornamos, ya de noche, al Café National a cenar.

Confiamos en un cajero de pizzas -como suena-, en el que te muestran en la pantalla nueve clases, desde margarita hasta cuatro quesos, tocas la que quieres, pagas y al rato sale. No obstante, ya se ha agotado la mayoría, por lo que no nos convence lo queda, no probamos la máquina y optamos por los platos del interior del local. Poca más elección nos queda.

En este segundo día por el departamento del Lot et Garonne atravesaremos diversos puentes sobre el citado río Lot, algunos de trazado medieval, uno metálico y otros más sobrios y menos históricos. Nuestro primer destino es Villeneuve, una localidad que supera los 20000 habitantes y que los martes exhibe sus productos en un mercado ambulante en la plaza Lafayette. Una veintena de puestos ofrecen desde quesos hasta sandía.

Optamos por unos sabrosos ciruelos amarillos y por paté y salchichón. Entramos en la iglesia de Sainte-Catherine y pasamos junto a la torre de París, una de las que restan de la antigua fortificación. Concluimos en el antiguo mercado estático, reformado en el siglo XIX como edificio multiusos, junto al río.

Nos desplazamos una quincena de kilómetros hasta Pujols, un precioso pueblo amurallado, de trazado medieval, que recuerda, en miniatura, a Carcassone. También con un número mucho menor de visitantes paseándolo. Una calle que enlaza el antiguo mercado con las casas de madera atraviesa el pequeño casco urbano, delimitado en los laterales por las iglesias de san Nicolás y de La Fe, cuyo interior -el de esta última- se ha reconvertido en centro de exposiciones.

Supone una atalaya sobre el río Lot y reseña  las numerosas heridas sufridas en las guerras cátara y de los Cien Años, en que las que sufrió sendas destrucciones de las que emergió. De ahí la animación en su plaza, la del mercado, con tres restaurantes y un espacio de juegos campestres. El resto de calles se pasean casi en total silencio.

Se asemeja en cierto modo al municipio de Penne, nuestra siguiente etapa igualmente sobre la base del río Lot. En este caso abundan los ascensos y descensos en el tramo medieval, que empalma con el moderno.

Destacan las dos antiguas capillas o los restos de la prisión junto a un espacio de pórticos y el centro, que en este tipo de cascos históricos lo identifican las terrazas de restaurantes. Los 35 grados de temperatura a las dos de la tarde aceleran la visita, ya pensando, además, en el pic nic con los productos comprados en el mercado de Villeneuve y una baguette del horno de Clairac. Todo ello lo degustaremos en los jardines de nuestro hotel con nave de castillo incluida, aunque sin murallas.

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