Desde allí subimos a otro coche de Uber que nos lleva hasta
la zona conocida como la Perla, el puerto de alto nivel de Doha. Nos deja entre
un concesionario de Rolls Royce y otro de Ferrari. Comenzamos a pasear por la
periferia del embarcadero, entre todo tipo de locales de lujo. Nos paramos en
una cafetería porque me apetece tomar un té árabe, objetivo que no cumpliré hoy
ya que, al igual que en el restaurante anterior, solamente nos ofrecen los
típicos de consumo británico.
Nos sentamos y únicamente pedimos dos de los cuatro. El camarero nos dice que para permanecer en el lugar entre todos hemos de consumir un mínimo de cien riales (el equivalente a 25 euros). De lo contrario, tendremos que marcharnos, algo que terminamos haciendo.
Seguimos paseando hasta pedir un nuevo coche para
desplazarnos. Tarda bastante en llegar debido al tráfico y, después, nos
costará una hora, también por el mismo motivo, alcanzar nuestra base, en el
lado contrario de esta megalópoli de dos millones de habitantes.





























