Este viaje tiene como principal objetivo Puy du Fou (en una próxima crónica lo contaremos); no obstante, lo tratamos de aderezar con el máximo de localidades toledanas posibles. Empezamos con Mota del Cuervo. El nombre, de nuevo -ya me pasó años atrás- me hace pensar en el castillo de la Mota, bastante alejado geográficamente, hasta que topo con la cruda realidad.
Además de la silueta de un cuervo en un monolito de la
rotonda que orienta hacia la colina, lo que destacan son los ocho molinos
tradicionales que se elevan en una colina cercana a esta población y hasta
donde subimos. Ganan desde lejos.

















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