El pasado martes 23 participé en la tertulia del programa Intercafé, de Intereconomía Valencia, en el que hablamos sobre Extremadura.
El pasado martes 23 participé en la tertulia del programa Intercafé, de Intereconomía Valencia, en el que hablamos sobre Extremadura.
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El lago destaca por su profundidad y por claridad. Con barcas a motor nos desplazábamos desde la pequeña Santiago a la capital, Panajachel, a la bella San Marcos, a San Pedro o a cualquier otra de sus poblaciones aledañas. Aunque no hacía falta moverse mucho para disfrutar de sus coloridos mercados locales, de sus exquisitas frutas o, simplemente, de su calma, de la armonía que transmitía el lugar.
Pocas visiones impresionan más que la de la mítica ciudad
inca de Machu Picchu. Y si se hace tras
concluir el denominado Camino Inca, con sus dosis de aventura, incerteza y
esfuerzo, más todavía. Incluso si se sube desde la cercana ciudad de Aguas
Calientes, carcomida ya por el desgaste del turismo masivo, en un autobús cuyas
características hacen temer que le resulte insuperable cada curva en ascenso.
El Camino Inca, cuando lo realicé, partía de Cuzco, con base en alguna de las agencias locales que montaban una expedición compuesta por extranjeros variopintos y mochileros que querían agrandar, con un exigente recorrido previo, la experiencia de avistar la legendaria ciudad-santuario.
Este artículo no va a glosar ni enumerar los encantos del patrimonio milenario de Roma, los sabores de su amplia gastronomía, el carácter de sus habitantes o a repasar la historia de la concurrida urbe. Aunque sí que dará algún pellizco a esas facetas, se centra, sobre todo, en aportar ideas para pasear la capital italiana como turista disfrutando de la experiencia.
1-Empezamos con un aviso: calzado cómodo y ajustado a los pies. La ciudad merece ser caminada, aunque no lo facilita. Las aceras menguan o desaparecen como por ensalmo, o se hallan cortadas por obras o por coches sin ofrecer alternativa de paso. A esto se suma el mal estado de numerosos tramos adoquinados, que propician torceduras de tobillos o erosionan lesiones que se arrastran. Y, para colmo, la iluminación no destaca al caer la noche. Por tanto, a caminar con mucha precaución.
Existen ocasiones en las que sientes que has vivido con anterioridad una escena de tu realidad que se está desarrollando en ese momento aunque seas consciente de que eso no ha ocurrido. O que has leído en libros o visto en películas esa instantánea. Porque, efectivamente, hasta entonces te parecían más de cine. No obstante, ahora está ocurriendo contigo inmerso en ella como actor protagonista o secundario.
En el viaje por Centroamérica, Perú y Bolivia sucedió en diversas ocasiones. Uno de esos ‘déjà vu’ tuvo lugar en el recorrido entre la populosa ciudad de Trujillo, en el norte peruano, y la montañosa Huaraz. En uno de los tramos finales, el reducido espacio del autobús heredado de Estados Unidos -como tantos otros que fueron destinados durante sus primeros años al transporte escolar y se empleaban en una segunda vida en países más al sur de América-, lo compartíamos no menos de 20 gallinas, alguna oveja, un par de perros, una cacatúa y unas sesenta personas con atuendos de lo más heterogéneos.
Nueve municipios extendidos a lo largo de 1762 kilómetros cuadrados, la mayor superficie comarcal de la Comunitat Valenciana. Les aúna su ubicación, en el interior de la provincia de Valencia, y una denominación que homenajea a la variedad de uva característica del lugar, Bobal.
Sobre esa base han asentado el muestrario de su potencial
turístico. De Requena a Comporrobles, con la suma de Caudete de las Fuentes, Chera,
Fuenterrobles, Sinarcas, Utiel, Venta del Moro y Villargordo del Cabriel, las
localidades están hermanadas por la marca Tierra Bobal. En total, reúnen a
37.000 habitantes, más de la mitad de los cuales reside en Requena, que
igualmente, con sus decenas de aldeas, agrupa prácticamente el 50% de la
superficie total.
Cuando me preguntan por un país que destacaría en el
recorrido centroamericano, me paro a pensar unos segundos y respondo de manera
recurrente Nicaragua. Existen lugares que te sorprenden porque descubres más de
lo que pensabas que atesoran o, simplemente, por hacerte sentir bien al encajar tus
circunstancias y las del lugar. Y esto ocurrió sobre todo en Granada,
la novena ciudad actualmente de esta nación.
Antes habíamos paseado por León, una urbe monumental, con una catedral impresionante. Nuestra estancia había tenido como base una de esas preciosas casas coloniales que le confieren una distinción especial. Después de la intensidad y el bullicio de la capital de Honduras, Tegucigalpa, que pudimos conocer mejor gracias a la generosidad de Darío al alojarnos, León se nos antojaba un remanso de paz.
Mi Curioseando Valencia de noviembre en El Periódico de Aquí.
Paella con naranja y pato, aunque manteniendo su esencia. La apuesta parece complicada; no obstante, con algún pequeño truco que llega a transformar incluso el clásico ‘socarrat’ o fondo a repelar del recipiente de paella, la Plaça Gastro Mercat, el restaurante de El Corte Inglés de la calle Colón de Valencia, lo ofrece durante la segunda quincena de noviembre. También lo hacen sus locales de Alicante y Castellón.
La iniciativa tiene un origen colectivo. La impulsa el
restaurante Bonaire, del Palmar, y cuenta con el apoyo de la Indicación Geográfica
Protegida ‘Cítricos valencianos’, que certifica su calidad. Esta aporta las naranjas
en el inicio de temporada citrícola, mientras que la bodega Gandia Pla, con su
rosado Miracle 5, pone el maridaje.
En municipios valencianos que orillan con el río Júcar
brotan cada año, cuando el frío comienza a sentirse, caquis de los árboles
homónimos. La variedad más conocida y característica de esta fruta (Rojo
Brillante) antepone su nombre genérico de origen japonés (kaki) y se defiende y
promueve en la Denominación de Origen Ribera del Xúquer. Tiene más consistencia
que el caqui blando por su recolección temprana y su conservación en cámaras, y
presenta una marca propia, Persimon.
Además de degustarse cruda como si de un hermoso melocotón se tratara -con o sin piel-, también puede aportar su vitamina C o su textura a elaboraciones gastronómicas más complejas. En esta última línea han trabajado El Corte Inglés y el restaurante de comida del sureste asiático Makhin (nombre, por cierto, con el que bautizaron a la bisabuela del propietario, Steve Anderson, y que él ha recuperado a modo de homenaje) para presentar un plato creado a base de garbanzos, leche de coco, curry, un amplio abanico más de especias y, a modo de colofón para coronarlo, kaki Persimon o duro.
El Almudín pasa desapercibido, de manera inmerecida, en el
cogollo monumental de Valencia. Este edificio de estilo gótico construido, en
sucesivas ampliaciones, entre los siglos XIV y XVI y destinado en sus orígenes
a guardar trigo, adquirió el rango de Bien de Interés Turístico Nacional en
1969. Propiedad del Ayuntamiento de la metrópoli en la actualidad, su uso se
centra en acoger exposiciones.
Situado detrás de la Basílica y la Catedral, y, por tanto, en los aledaños de la plaza de la Virgen de Valencia, emerge en la de San Luis Bertrán, muy cerca de la Almoina, el eje de la histórica urbe romana que fue la simiente de la actual capital de la Comunitat Valenciana. El inmueble merece la pena visitarse por su encanto; no obstante, este artículo se focaliza en lo que alberga desde octubre de 2025 hasta el mismo mes de 2026. Este periodo ha sido declarado por El Vaticano como Año Jubilar del Santo Cáliz.
La Catedral del Senderismo de la Comunitat Valenciana. Quizás el apodo pueda resultar presuntuoso o estridente; no obstante, el recorrido, por su belleza y por su exigencia, merece calificativos muy superiores a los de otra ruta cualquiera. Su nombre real, Barranco del Infierno, no esconde precisamente su dureza.
Se encuentra en el enclave montañoso alicantino de Vall de Laguar, ubicado en la comarca de la Marina Alta. Se accede por una sinuosa carretera que se inicia en Pedreguer, pasa por Orba y termina en Fleix. A la salida de esta última localidad se encuentra habilitado un aparcamiento que constituye el lugar ideal para dejar el vehículo particular -la manera más práctica y rápida de llegar- y emprender el trayecto a pie. Un tramo verde de arcén a diez metros ejerce prácticamente de alfombra de inicio y de final -es circular- del recorrido.
Tiene una extensa superficie que alcanza los 150 kilómetros cuadrados, una sirena la simboliza y rinde homenaje a generaciones de agricultores que la han desarrollado y alimentado a su población. Algunas de estas características configuran la descripción de Villanueva de la Sirena, municipio que supera los 25.000 habitantes y se encuentra enclavado en la provincia de Badajoz, a unos 200 kilómetros de Ciudad Real.
La visita a la localidad puede enfocarse desde el punto de vista ancestral. Para ello el paseo se iniciaría, por ejemplo, en la avenida Ramón y Cajal, la peatonal para recorrerla y captar el pulso social. Comenzaría contemplando el monumento a sus agricultores, que consiste en sendas figuras de burro con capazos o serones (apelativo popular de los habitantes de Villanueva) y labrador. Seguiría en el denominado Palacio Consistorial La Jabonera, con sus exposiciones de vestimenta de diferentes épocas.
Resulta complicado encontrar la respuesta y el debate no acaba de cerrarse. La paella valenciana, la fideuà de Gandia, la tortilla de patatas de… Villanueva de la Serena, en la provincia extremeña de Badajoz. O así consta en el primer documento escrito que hace referencia a esta producción y que data de 1798. La describe como fruta de sartén y atribuye su creación a Joseph de Tena Godoy y Malfeyto, ilustrado de la época que habría buscado, junto al marqués de Robledo, concebir un alimento barato para aliviar la hambruna.
En el contexto de la IX Jornada de Administración Local en la provincia de Valencia que se celebró el 24 de octubre en la localidad de Benatives, tuve la oportunidad de participar en una mesa centrada en la información y el periodismo local.
Puedes ver y escuchar el debate suscitado sobre e. tema pinchando este enlace
¡A tope con la vida! . Posiblemente su mantra resuma la evolución de David Montero. Pasó de camarero en un céntrico y tradicional bar ubicado junto al Mercado Central a ‘embajador’ de la paella valenciana (la de pollo, conejo y garrofó) en Arabia Saudita, China o México, de cocinero neófito a ‘influencer’ en Instagram con sus recetas y cocciones.
Esa misma metamorfosis le ha llevado a convertirse en el primer suministrador de raciones paelleras por la plataforma Glovo o en autor de un libro de recetas de arroces creativas que lidera las ventas de la editorial Sargantana.
Múltiples facetas revisten la personalidad de este cocinero -término que prefiere al ahora más manido de chef-. La mejor demostración la constituye el local que regenta en la calle Músico Peydró (conocida popularmente como la de las cestas por la multiplicación de cesterías tradicionales) de Valencia. Se trata de una casona antigua cuyo primer piso se ha transformado en una gran cocina, mientras que la planta baja sirve para dispensar raciones de paella.
Artículo publicado en la edición de octubre de El Periódico de Aquí.
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Sorprende el tránsito tranquilo en este tramo portuaria mecido por la brisa marina. Esa sensación puede paladearse en la terraza de Front The Terminal Bar, ubicada en la calle Travesía, y contemplarse desde su interior, en un entorno marcado por la vegetación, los muebles discretos y una enorme y nutrida barra.
Ese título encabezaba la jornada televisada que desarrollamos el pasado martes 28 en 7Televalencia y que emite este sábado, a partir de las 10,30, la red de televisiones comarcales de la Comunidad Valenciana (ISAP). El acto consistió en dos ponencias y en una mesa de debate en la que participé y que cerró la citada jornada.
Se transmitió en directo por youtube (puedes pinchar este enlace para recuperarla) y hoy sábado puede verse y escucharse en las televisiones adheridas.
En el programa del pasado 27 de octubre de Intercafé, en la emisora intereconomía, participé dentro de la tertulia para analizar la actualidad política dentro de una compleja semana que por entonces comenzaba y ahora empieza a extinguirse.
Puedes ver el programa completo (la tertulia es en el primer bloque) pinchando este enlace
Vamos a por la tercera etapa nuestra, aunque llevamos ya dos y media de camino. Hoy nos enfrentamos al mítico puerto de Belate, la cima. Atravesamos Irurita, Zigaure, Ziga, Berroeta -donde están grabando un anuncio en el albergue- para encarar Almandoz y subir hasta la Venta de San Blas. Allí nos atiende Carlos, un ventero de mirada escrutadora, que supura cultura en sus frases y que bromea con una mirada tan seria que no sabes si reírte o asustarte. Optamos por lo primero y mantenemos una amena conversación con él.
Continuamos el ascenso bosque a través hasta la ermita de Santiago, entre tramos de calzada romana, pequeños menhires a los lados, preciosos caballos, increíbles paisajes y espectaculares hayedos. El camino -o lo que se presupone que es- zigzaguea, con señales escasas y dispersas. De pronto aparece una lugareña cual ninfa del bosque y nos ayuda a orientarnos. Se trata de la única persona con la que nos cruzamos en el interior de la vegetación.
Los dos raftings
Practicar este deporte acuático en balsa hinchable supuso
una buena forma de contrastar países y ríos. Tuvimos dos experiencias
antagónicas: la apacible y la agotadora. La primera la vivimos en Costa Rica, cerca
de San José; la segunda, en Perú, en la zona de Ancash.
La inicial resultó incluso aburrida. Compartimos embarcación
en el río Pacuare con una familia de San José formada por matrimonio y dos
hijos. Apenas había que utilizar los remos. Únicamente lo hacíamos para dotar
de más velocidad a nuestro vehículo. El sosegado trayecto fluvial incluía
parada en una orilla con almuerzo de bocadillos incluido. Así, con parsimonia y
tertulia, transcurrieron las tres horas de un recorrido que apenas alcanzó el
nivel dos en el más intenso de sus tramos.
La segunda iniciativa de ratfing contrastó con la primera.
La contratamos en el río Santa, en la zona de Ancash, cerca de la ciudad de
Huaraz. En este caso el nivel deportivo previsto ascendía a 4 sobre 5. Íbamos
nosotros y los dos monitores, cuatro personas en total para una balsa con
capacidad de ocho. Nos faltaron brazos. Y los nuestros dieron todo lo que
podían esquivando rocas laterales y remolinos absorbentes. El descenso resultó
tan extenuante como interminable. Al terminar y salir en la orilla nos tocó
levantar la embarcación para llevarla a la camioneta. Tenía agarrotados ambos
brazos. Las agujetas duraron varios días. Esta vez sí que nos sació de rafting
la experiencia.
Con motivo del 25 aniversario del largo viaje que hice con mi amigo José Ramírez por Centroamérica, Perú y Bolivia voy a recopilar en mi blog algunas historias de aquella travesía. Por entonces todavía ese cuaderno de bitácora digital no existía y no podía, por tanto, trasladar allí estas anécdotas. Ahora puedo compensar con recuerdos, imágenes (como la del Cañón del Colca que ilustra este artículo, zona para avisar cóndores en Perú) y transcripciones recopiladas
Paisajes, gentes, ejercicio físico y espiritual, reflexión, orientación… el Camino de Santiago aglutina todos esos sustantivos entre sus características. No obstante, depende de cuál de sus variantes se elija unos proliferan en mayor medida que otros. Y si se escoge una alternativa más desconocida, algunos, como gentes, marcan su mínima expresión; y otros, caso de paisajes, llegan a su apogeo de belleza.
En este relato nos adentramos por el de Baztán, el que nace
en Bayona y termina en Pamplona o, más en concreto, en la ermita de Trinidad de
Arre, a poco más de cuatro kilómetros de la capital navarra. Su cénit de
dificultad lo alcanza en el puerto de Belate, que ronda los mil metros de
altura, y en particular en la ermita de Santiago.
De hecho, su popularidad en la capital autonómica contrasta
con el menor grado de conocimiento a nivel nacional y el inferior trasiego de
vecinos desde el sur de la provincia de Alicante, que optan en mayor medida por
localidades como Santa Pola, La Villajoyosa o Torrevieja.
Dénia despunta por su clima, por su estructura urbana sembrada de chalés y esquiva en bloques enormes, por el parque natural del Montgó, por patrimonio histórico como el castillo enclavado en el propio entramado de la ciudad, con murallas que atraviesan calles en una curiosa simbiosis habitacional, y, por supuesto, por sus playas.
¡Cuidado con los bravos!
La denominada Cordillera Blanca, en los Andes peruanos, estaba
marcada en nuestro mapa para la práctica del senderismo. El problema con el que
nos topamos precisamente fue que no había demasiado cartografía y en el año
2000, cuando tuvo lugar aquel viaje, ni teníamos internet ni nos podíamos guiar
por Google Maps. Los pastores que ocasionalmente nos encontrábamos constituían
nuestras únicas fuentes de información.
Habíamos partido de Huaraz con una tienda y dos sacos de dormir alquilados, a lo que sumamos el citado mapa. El objetivo se centraba en hacer una travesía de tres días y dos noches. No obstante, nos encontrábamos en la época de lluvias, una circunstancia que pronto vimos decisiva ya que los caminos se hallaban encharcados o, simplemente, difuminados en bastantes tramos. La teoría del mapa no existía en la práctica. No había forma de guiarse.
Gandia, localidad con unos 80.000 habitantes ubicada en el sur de la provincia de Valencia, destaca a nivel nacional por sus anchas playas, que abarcan unos 700.000 metros cuadrados de arena frente al Mediterráneo. Ese factor la convierte en reclamo para visitantes habituales, muchos ellos del centro de España, y para otros esporádicos que la escogen con el fin de pasar unos días. No obstante, más allá de tumbarse o pasear junto al mar, la capital de la comarca de la Safor atesora otros encantos reseñables. Aquí destacamos cinco de ellos.
-El Palau Ducal vinculado al legado histórico de los Borgia. La pujanza de la familia aragonesa migrada a Gandia y convertida en guía de la cristiandad con dos papas (Calixto III y Alejandro VI) se percibe en su Palau Ducal, adquirido por el segundo de los citados pontífices en 1485 y donde nació Francisco (que sería canonizado como santo un siglo después de fallecer). Este último es el personaje más emblemático de la ciudad, el IV duque, quien amplió el cinturón de la muralla o creó la primera universidad jesuita del mundo.
Ese plato, que cierra el 5º acto del menú Octavo del
restaurante de Quique Dacosta reconocido con tres estrellas
Michelín, podría constituir el epítome del reputado chef de Dénia. Más allá del
personaje público, de su fama como cocinero innovador y emblema de su
localidad, tiene un trasfondo que, de alguna manera, puede intuirse en su
singular firma, con una Q enorme y una línea exagerada (o artística) que la
rubrica.
Tras alojarme en una pensión de camino en una Copacaba de celebraciones carnavaleras esos días, proseguí hasta La Paz para tomar un autobús nocturno a Potosí, a donde llegué a primera hora de la mañana y emprendí mi senda para buscar alojamiento. Me quedé en una casa de aspecto solariego y señorial, cerca de las minas que otorgan fama secular a esta ciudad, cuyo nombre se vincula al oro transportado hasta España.
Más de siete kilómetros de playas, sabrosa gastronomía encabezada por su típica fideuà o emblemas patrimoniales del calibre del Palau Ducal o la Colegiata. Estos son algunos de los símbolos de Gandia más conocidos fuera de su territorio. No obstante, existe otro menos afamado que ha adquirido fuerza y tiene cada vez más predicamento entre los gandienses: el Tío de la Porra.
De hecho, este personaje, que se multiplica por decenas en
el inicio de las celebraciones locales, constituye uno de los principales motivos
por los que su clásica Fira i Festes aspira a tener la catalogación de Interés
Turístico Nacional, al igual que ya lo han conseguido sus Fallas (con el
singular museo que las explica) o su solemne Semana Santa.
El baile y el soniquete tamboreado que lo envuelven suponen, en la práctica, el ‘chupinazo’ de los festejos locales, que siempre orbitan alrededor de la fecha del santoral que recuerda a su personaje más ilustre, San Francisco de Borja, IV duque de Gandia, que se celebra el 3 de octubre. Este 2025 ha sido el día de apertura de la Fira i Festes, que han concluido el 6.
Con la palabra Turia en Valencia se identifica a su
histórico río, tanto en su discurrir por toda la provincia desde su entrada por
Teruel y su desviación por el llamado “nuevo cauce”, como a su antiguo
recorrido, ya seco, que atraviesa la ciudad y se ha rebautizado como Jardín del
Turia. También, como derivada, se llama así la marca de cerveza que ha cumplido
90 años desde que un grupo de amigos valencianos la crearon en 1935 con las céntricas
Torres de Serranos como emblema de marca e imagen de etiqueta.
¡Cara y cruz en El Salvador!
El Salvador nos marcó con su cara y su cruz. La segunda se imprimió en nuestra mente al descender de un autobús público en una céntrica avenida de la capital, San Salvador. Una vendedora ambulante que preparaba y ofrecía los típicos tamales de maíz nos lanzó una pregunta: “¿qué hacen dos gringos andando por esta zona?”, y una advertencia: “es peligroso”.
No le hicimos demasiado caso más allá de extremar la prudencia hasta que apenas cien metros después un pick-up con dos policías se detuvo ante nosotros y, directamente, se ofreció a llevarnos donde quisiéramos por “nuestra seguridad”. Nos condujo, subidos en su parte posterior, hasta una zona residencial, y los agentes nos aconsejaron que no saliéramos de ese entorno. Así lo hicimos y nos lo tomamos como un pequeño descanso en el viaje.
El país lo disfrutamos más en la siguiente parada, en su
costa pacífica. En concreto, en el municipio de La Unión. Y más
específicamente en la playa de El Tamarindo. Nos alojamos en una pensión
familiar, tanto que prácticamente éramos los únicos huéspedes y en recepción
coincidíamos con la amable familia al completo.
En este enlace puedes leer el comunicado enviado por Lo Rat Penat
Y también en estos enlaces de El Periódico de Aquí, , 7Televalencia , EsdiarioCV, Elmeridiano, La Plana al Día. o De festa en festa
En este contexto creció el chef Quique Dacosta, se
rehabilitó el castillo local o han ganado un prestigio culinario entornos como
el de la céntrica calle Loreto o el frontal del puerto, con su atractiva lonja
o su transitado club náutico.
Y en este mismo entorno ha cumplido ocho años el festival D*na, una denominación que representa las letras impares de Dénia y que, a la vez, alude a su adn alimentado de gastronomía cuidada y experimentada, de la mezcolanza de tradición e innovación. Este certamen, que lo comisaría en la faceta gastronómica el citado chef tres estrellas Michelín por su restaurante El Poblet, destaca por diversas facetas.
Su nombre recuerda a uno de los personajes bíblicos más vituperados de la historia; no obstante, la realidad de ese bautismo se debe a una circunstancia más mundana, con mayor vinculación a la tradición hostelera. En el epicentro de Valencia, a menos de 50 metros de la entrada a la Catedral desde la vecina torre del Miguelete, ha abierto sus puertas Barravas.
No lleva acento por cuestión temporal de marca, aunque lo
lucirá en breve para denominarse Barravás, de la composición de barra y vas (y
luego vuelves, como apostilla su flamante propietario). En cualquier caso, esta
cuestión léxica constituye solamente una de sus singularidades. Una segunda,
por ejemplo, la representa su aludido dueño, Rafael Pérez Higón, director de
Armani en Valencia durante décadas.
¿Y qué hace un experto en venta de artículos de vestir al
frente de un local de gastronomía mediterránea? Lo explica con sencillez: “mis
padres compraron los establecimientos -como se verá más adelante, se trata de
dos bajos-, se iba a hacer cargo mi hermana, pero se fue a vivir a Inglaterra y
me he ocupado yo”.